Sócrates y Justin Bieber, dos bellos diferentes

101 Escrito por - 5 mayo, 2013 - Historia, num5
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Si burlando al tiempo sentáramos en una misma habitación a un joven de la Academia ateniense del 380 a.C.  y a un estudiante de cualquier instituto de Nebraska de hoy en día, los pusiéramos frente a frente y les enseñáramos un vídeo sobre la figura de Sócrates y otro de Justin Bieber, ante la pregunta de quién es más bello, las respuestas posibles serían de todo tipo…  salvo semejantes.

El lozano y apolíneo discípulo de la Academia, una vez recuperado del susto por el visionado del vídeo (es lo que tiene burlar el tiempo y los adelantos tecnológicos), escogería a Sócrates como el más bello, ante el estupor del estudiante de Nebraska. Sus motivaciones se fundamentarían, según las enseñanzas de su maestro Platón, en que la verdadera belleza no está atada al aspecto físico sino que es algo autónomo que reside resplandeciente en las ideas, en el alma de las personas. Y aunque por todos eran conocidos los pocos agraciados atributos físicos del filósofo, sus otras virtudes, más importantes que la falsa apariencia externa que lleva a engaño y da consuelo a quien no es suficientemente bueno como para escapar de la caverna y “contemplar el sol de las ideas”,  lo hacen extremadamente bello para los ojos del que sabe mirar la verdad.

Por su parte, el veinteañero del Medio Oeste norteamericano, previa rotación de su gorra de la Universidad de Michigan, y con un cierto aire en sus gestos a… ¡Oh,  válgame Adonis! … Justin Bieber, elige, sin dudarlo, a este último con esa seguridad de lo correcto que hoy en día solo nos da Google.  Rebatiendo al griego, y después de unos consejos de vestimenta “guay”,  le pregunta si es que no ve la MTV o si no tiene internet en casa. Le aconseja que busque en la red y vea los rankings de quiénes son los más guapos y si tiene una hermana que cotillee sus revistas (él no lo hace, claro).

Hablar de lo bello es hablar de la belleza en un momento determinado. Cada época ha tenido diferentes concepciones de la misma.

Statue of Socrates, Academy of Athens,Greece  © anastasios71

© anastasios71 – Fotolia.com

La belleza sublime de los filósofos de la Antigua Grecia

Estas dos posturas encontradas y en cierto punto paradójicas que observamos en este experimento “empírico-atemporal” reflejan de forma dialéctica dos concepciones de la belleza aceptadas en sus respectivas épocas como canon. Hablar de lo bello es hablar de la belleza en un momento determinado. Cada época ha tenido diferentes concepciones de la misma. Y estas pautas que han delimitado su definición han dependido de muchos factores tales como la filosofía, la política, la religión o la economía, que ha instalado en el imaginario colectivo un significado de la belleza que solo se comprende plenamente con los ojos de ese tiempo.

Incluso puede darse el caso, tal como indica Umberto Eco en su libro Historia de la Belleza, que en una misma época histórica se den distintas concepciones de lo bello, pues no será la misma belleza la que refleja Pablo Picasso en su cuadro de Las señoritas de Avignon, que la que muestra cualquier escrito de una novela romántica de principios del siglo XX.

El estudiante de la academia ateniense, imbuido por las enseñanzas de su maestro Platón y el resto de los filósofos de la época, concibe la belleza como algo sublime que va más allá de su envoltorio físico. Los filósofos de la época, encabezados por Platón, entienden la belleza como un ente autónomo y esplendoroso que resplandece en todas partes y solo los virtuosos son capaces de comprenderla y vislumbrarla. Solo aquellos que son capaces de salir de la caverna  y observar la verdad pueden discernir qué es la belleza. Para el resto, las artes crean un artificio de lo bello, imitando a la auténtica belleza pero que, en realidad,  no hacen más que estorbar y llevar al error.

Como decía Platón en su Fedro: “… Plenas y puras y serenas y felices las visiones en las que hemos sido iniciados, y de las que, en su momento supremo, alcanzábamos el brillo más límpido, límpidos también nosotros, sin el estigma  que es toda esta tumba que nos rodea y que llamamos cuerpo, prisionero en él como una ostra.”

Según las enseñanzas de Platón, la verdadera belleza no está atada al aspecto físico sino que es algo autónomo que reside resplandeciente en las ideas, en el alma de las personas.

Con este posicionamiento, unido a su concepción de la belleza como armonía y proporción de las partes recogida de las teorías de Pitágoras, Platón establece uno de los cánones de belleza más importantes de la historia y que será base y punto de partida de muchos de los conceptos de lo bello en otras épocas como, por ejemplo, el Renacimiento.

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La falsa democracia de la belleza del consumo

Nuestro joven estudiante de Nebraska vive narcotizado por la sobreexposición de estímulos a los que le tienen expuestos los medios de comunión de masas, inyectándole en vena una bacanal de cánones de belleza que cambian al compás de planes comerciales, índices de mercado y colecciones de temporada. Su semejanza y afinidad por Justin Bieber es fruto del bombardeo de los mass media que alinean tendencias temporales de lo que es bello dependiendo de los nichos de mercado a los que dirigen sus garras… Y quien no se haya vestido como su cantante favorito, que tire la primera piedra.

El elitista y provocador concepto de belleza que instauraron las vanguardias de principio del siglo XX, dio paso, con la proliferación de los medios de comunicación de masas, a la belleza de consumo. Los filósofos y artistas del pasado son sustituidos por publicistas, directores de arte y planificadores comerciales que instauran un concepto de belleza tan democrático como falso (o diferido, ahora que se lleva tanto el término) en el que lo bello se disuelve en un mar relativo y poliforme donde la belleza es de todos y no es de nadie.

El elitista y provocador concepto de belleza que instauraron las vanguardias de principio del siglo XX, dio paso, con la proliferación de los medios de comunicación de masas, a la belleza de consumo.

Todos bellos, todos contentos y consumiendo y lo feo se convierte en sinónimo de “fuera de temporada”.

En una estructura global de libre mercado, los grandes conglomerados empresariales marcan las tendencias y las modas en virtud de su balanza de resultados. La belleza adquiere ese valor de “democracia retórica” relativizando el concepto para que todos encuentren su moda. Así que será bello el fornido Vin Diesel, el apolíneo Brad Pitt, el dionisiaco Johnny Deep, el gentleman George Clooney o nuestro juvenil ídolo de masas Justin Bieber. Cada belleza tiene su público, y para los ricos será bello el último Lexus y para un urbanita de medio pelo será bello su funcional Smart. Todos bellos, todos contentos y consumiendo y lo feo se convierte en sinónimo de “fuera de temporada”.

La belleza. ¿Qué es lo bello? Desde las bodas de Cadmo y Harmonía cuando las musas cantaban aquello de “El que es bello es amado, el que no es bello no es amado”, pasando por la armonía de la belleza platónica, la pureza de la Edad Media, el equilibro como fuente de lo bello en el Renacimiento, las bellezas barrocas o las románticas, la liberación y provocación de las Vanguardias hasta llegar a las polimórficas bellezas de consumo de nuestros días. Todas son concepciones de lo bello, que han marcado las directrices estéticas de una época. Conceptos tan cambiantes como el propio devenir de la historia que en su sala de los espejos del tiempo ha proyectado el collage donde se ha reflejado la belleza. ¿Qué es bello? ¿Sócrates y Justin Bieber son bellos? ¿Este artículo es bello? Todo dependerá de quién o cuándo lo lea.

 

*Fuentes consultadas:

Historia de la Belleza (Umberto Eco, Ed. Lumen)

La Historia de la Belleza (D. Paquet, Ed. Claves)

Historia de seis ideas (W. Tatarkiewicz, Ed. Tecnos)

Fedro (Platón, Ed. Istmo)

Foto de portada: Nereida Domínguez

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