Desmontando a Pepe

2 Escrito por - 5 junio, 2013 - Entrevista, num6
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Entrevistar a Pepe Colubi en un número dedicado a EL HOMBRE, puede resultar una elección un tanto arbitraria. Lo es: hay muchos hombres que, aunque solo fuera por el hecho de serlo, hubieran encajado en esta entrevista. Pero, lo cierto es que Pepe Colubi es, para el caso que nos ocupa, el hombre adecuado.

Todo su discurrir persoprofesional transpira dispersión, variedad, mezcla. Acumula un poco de allí y otro poco de allá; es ecléctico. Es lo menos parecido a un cliché que una puede encontrar en la homosfera. Es tu vecino, un compañero de facultad, el chico que te suena y no sabes de qué, tu primo, tu ex… Es cualquiera y, como todos los cualquiera, es héroe, villano, truinfador, perdedor y muchos roles más, tantos como días ha vivido y tantos como que le queden por delante. Es tan tú, tan yo, que lo de menos, lo demás, es su género.

 

Respiré aliviado, tenían tanto miedo como yo; su cobardía era mi alegría y la confirmación definitiva de pertenecer a un grupo de ñus aborregados. (California 83; Pepe Colubi, 2008; Ed. Espasa Libros).

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Susana Lago.- La cita resume muy bien el espíritu masculino más castizo y cotidiano. Eso y el cóctel de paradojas (ingenuidad-picardía; inseguridad-decisión; idealismo-pragmatismo, etc…) que estalla en forma de adolescencia en el personaje de Pipi: protagonista (y supuesto alter ego tuyo) de California 83.

Al margen de la ficción, Pipi se construyó a partir de recuerdos y otras herramientas de un hombre que pasa los 40. ¿Quién construyó a quién? ¿Pipi a Pepe o viceversa?

PEPE COLUBI.- Estuve en California en el 83, pero es cierto que la novela la escribí al menos 20 años después, sin contar con nota o escrito alguno al respecto, solo los recuerdos. La memoria es maleable y muy selectiva (aunque solo sea como mecanismo de defensa). Cuando me puse a escribir la novela, me di cuenta que el núcleo de la historia es la vergüenza, el miedo al ridículo que todos sentimos durante la adolescencia. Pipi es un pulpo en un garaje, un perro haciendo surf sobre la arena. Es un chaval que de pronto se enfrenta a un contexto completamente ajeno a lo que conocía hasta entonces, y aunque sea un combate inocuo, tiene que integrar toda esa explosión de nuevos estímulos en un momento vital tan complejo como son los 17 años. En ese chico se unen ese sentido del ridículo exacerbado y una imaginación desbordada. Es capaz de ponerse en lo peor de una situación para, acto seguido, imaginar todo lo contrario. Pasa del modo looser al modo winner en un minuto. Para bien o para mal, incumple constantemente sus propias expectativas. Es un modo de ser, y Pipi tiene mucho de mí, pero también es cierto que es muy fácil, a la hora de crear un personaje, moldearlo por los extremos. Pipi es una especie de Felipe (personaje de Quino en las aventuras de Mafalda), capaz de convertir con su imaginación el momento más cotidiano y aburrido en toda una aventura. Esa característica no es exclusiva de Pipi ni de Felipe, es una especie de vía de escape que muchísima gente tiene, seguramente por la necesidad que sentimos de hacer más entretenido el día a día, de dar espacio a ese héroe que llevamos dentro.

 El protagonista de California 83, Pipi, es un pulpo en un garaje, un perro haciendo surf sobre la arena

SL.- California 83 está plagada de estereotipos masculinos americanos que se desintegran ante la mirada de Pipi, en cuanto este se acerca un poco a ese decorado de serie yanqui. Al rascar un poco, solo quedan personitas plagadas de contradicciones que, se hacen grandes o pequeñas, en función de las propias (contradicciones) del protagonista. El lector puede identificarse con las vivencias de Pipi, aunque no haya visto California ni por la TV. Es casi un relato atemporal, y en cierto modo, ‘desgenerado’. Quiero decir, cualquier lector o lectora puede empatizar perfectamente con muchas de las situaciones que le ocurren al protagonista.

PC.- Sí, como te decía el tema central es la vergüenza, un sentimiento universal que no entiende de género ni edad. No hace falta salir de tu entorno ni vivir un cambio muy específico para experimentar lo que le ocurre a Pipi. Sin tener grandes miras, en cuanto a acción narrativa, California 83 es una especie de viaje iniciático, simplemente porque ocurre en un momento clave de la vida de Pipi. En su caso es hacer COU en California, pero el simple paso del instituto a la facultad es un reto sin libro de instrucciones. Como bien dices, el resto de los personajes, tampoco están libres de esas contradicciones e inseguridades y, de algún modo, están ahí para moldear a Pipi. Creo que todas las personas, tenemos algo de la gente que nos rodea en cada una de nuestras etapas vitales.

En este caso, aunque a toro pasado la adolescencia pueda verse con mucho cariño, resulta una etapa de desarrollo humano en la que se sufre por cosas muy nimias que, por fortuna, en la madurez se van limando; pero ese afán por encajar, la preocupación extrema por la impresión que causas en los demás, todo lo que desde el altillo que te proporciona la madurez ves como tonterías de adolescente, en el momento en que las estás viviendo son fundamentales. Y en ese sentido creo que a veces, a muchos adultos en el rol de educadores (padres, maestros…) se les olvida que hay determinados comportamientos propios de una edad y no se pueden evitar porque son parte de ese desarrollo que luego nos convertirá en el adulto que somos.

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Fotos: Manolo Egocheaga

 


SL.-
Tu Time Line revela una muy buena acogida de California 83 por tuiteros de todo tipo. De hecho, aunque es de 2008, el boca a boca que proporciona sobre todo esta red social, la ha hecho resurgir.

PC.- Efectivamente, la novela se publicó en 2008 y se vendió la mitad de la edición original. Tres años después, los ejemplares sobrantes se pusieron a 6 euros y ahí fue cuando empecé a usar Twitter como canal de promoción. Tras agotar esa tirada, fueron saliendo las ediciones de bolsillo, a cuenta de la demanda que había. Sin duda, han sido el precio popular, los comentarios generados por los usuarios de esta red y mi propia interacción con ellos, quienes le hemos dado esta especie de segunda vida que, ha resultado mucho más exitosa que la primera. Desde que salió la edición de bolsillo en marzo de 2012, no hay día que no me llegue una mención (cuando no 5 o 6) sobre ella a través de Twitter.  

SL.- Siguiendo con las redes sociales, tu perfil @pepecolubi muestra una parte tuya un tanto mostrenca. Con mucho humor o más bien grandes dosis de ironía. ¿Cuánto ocupa este aspecto en el universo Colubi?

PC.- A pesar del tipo de comentarios que puedo hacer en Twitter o de mi presencia en Ilustres Ignorantes, yo no me considero un humorista, no al menos, un humorista al uso. El humor, como herramienta de trabajo, sabiendo que en tal fecha te has comprometido a acudir a un sitio a hacer reír a 500, mil personas o las que sean, me parece algo admirable y muy difícil.  Sí es cierto que el humor, la ironía, están muy presentes en mi forma de comunicarme, pero no tanto porque forme parte de mi trabajo, sino porque constituye para mí un mecanismo de defensa, casi de superviviencia. Puede parecer un tópico, pero no entiendo el humor si no empieza por uno mismo. A mí ese recurso me sirve para avanzar en la vida. Si no se aplicara de ese modo, y solo se usa para reírse de los demás o de situaciones ajenas, sería prepotencia. Cuando uno es capaz de analizarse, con sinceridad, y comprende lo patético que se puede llegar a ser en determinadas situaciones, y puede reírse de eso, es como un alivio, es la solución para relativizar cosas de las que nadie puede escapar en la vida. Para mí la risa, la ironía, el sarcasmo… primero con uno, pero desde luego también con todo lo que te rodea, es fundamental. Como actitud vital, me resulta imprescindible. No se trata de obviar el drama, ni de descojonarse ante cualquier situación, creo que el sufrimiento ya lo tenemos de serie (nacemos llorando), pero, asumiendo que la vida te va a poner ante situaciones muy duras como la pérdida de seres queridos, el desamor y otras muchas, la risa resulta un tamiz básico. Eso sí, esa no viene de serie, tienes que ser capaz de incorporarla al día a día.

 No entiendo el humor si no empieza por uno mismo

SL.- Sobran las etiquetas, pero creo que se te puede incluir en la denominada Generación Paramount (Paramount Comedy), que supuso toda una revolución en cuanto a la forma de hacer humor en España. Desde el punto de vista femenino, el nuevo perfil de humorista se reveló como una auténtica arma de seducción. Además de extraer gags, analizando lo cotidiano, el monologuista de turno tenía su aquel, potenciaba el gañanismo, ensalzándolo como algo positivo en las características de un hombre. En cierta manera, todos los que hicisteis posible ese tipo de contenidos, le habéis facilitado mucho las cosas con las tías al protogañán o gañán medio español.

PC:- Quizá lo de formar parte de esa Generación Paramount de la que hablas me toca de modo un poco tangencial. Nunca he hecho monólogos, aunque sí he estado muy relacionado con el canal desde sus comienzos porque el género stand up me apasiona y vino a llenar una gran carencia que había en España de ese tipo de humor. Hasta que llegó Paramount, ese formato aquí se podía contar con los dedos de una mano (Gila, Pepe Rubianes y poco más). Y además del monologuismo, desde el canal se lanzaron programas tan buenos como La Hora Chanante. Gente como Miguel Salvat y Felipe Pontón, que creyeron en esa idea, nos dieron la oportunidad de conocer y apreciar otros referentes humorísticos. Abrieron a las nuevas generaciones otro tipo de humor y de análisis social.

Sí que trajo consigo un cierto fenómeno fan, sobre todo con los primeros monologuistas que salieron y que han sabido mantenerse por méritos propios, como humoristas que escribían sus propios textos y conectaban de lleno con un público que hasta entonces no consumía ese tipo de humor.

SL.-  Pepe Colubi es mucho más que California83. Es La tele que me parió, Diario disperso, Planeta rosa, Pechos fuera, El ritmo de las tribus; es parte de El Jueves; Cinemanía… Y un Ilustre Ignorante, que se vanagloria de ello, entre guiones y comentarios a los Globos de Oro y la Gala de los Óscar (y otras dispersiones). A eso se le llama poner huevos en distintos cestos… Eres una especie de Hombre del Renacimiento, pero en versión casual.

CL.- Soy renacentista pero solo porque, por edad, ¡podría haber nacido en el siglo XVI! (risas). Bueno, suelo utilizar una frase del gran Pepín Tre, cuando le preguntan sobre su variada trayectoria profesional. Él dice: “He sido muchas cosas en la vida porque he ido fracasando sucesivamente en todas”. Sin llegar a la exageración, sí que es cierto que he tocado muchas áreas. Recuerdo que un día la madre de un amigo me preguntó a qué me dedicaba y al contarle mi recorrido, me respondió con una frase muy sabia: “¡Uff! Muchos oficios, pobre seguro”. Lo cierto es que nunca he tenido ningún plan, ninguna vocación iluminatoria. Estudié Filología Inglesa por la simple razón de haber estado casi un año en California y volver sabiendo inglés. Pensé que con el idioma a mi favor, la carrera me resultaría tirada. Luego comprobé que, para nada, claro. Mi primera vinculación al mundo de la Comunicación fue por casualidad. Me llamaron como invitado a una entrevista para que contara mi experiencia sobre California, y el locutor me vio sueltecillo y decidió hacerme una prueba para la radio. En mi vida había pensado vincularme a ese mundo. A escribir, también empecé de manera fortuita y sin una vocación clara. Quería ir a los campamentos solidarios de Tinduf; pedí escribir un reportaje sobre el tema en La Nueva España y a partir de entonces, empecé a colaborar con ellos. De cada oportunidad que me llegó han ido saliendo otras hasta conformar el resultado actual. Luego, al revés, muchos proyectos que he iniciado y que me parecía que iban a tener más recorrido, se han quedado ahí y no prosperaron. Mi trayectoria profesional se nutre de una especie de efecto dominó que me ha ido llevando felizmente de un sitio a otro. Desde luego, los factores suerte y casualidad son los que me han llevado a estar en el momento y lugar oportuno para conocer a las personas adecuadas y que todo fuera rodado.

Mi trayectoria profesional se nutre de una especie de efecto dominó que me ha ido llevando felizmente de un sitio a otro

SL.- No obstante, sí que hay una actividad presente en todo lo que haces. Eres un Generador de Contenidos, sea cual sea el soporte en que los crees.

PC.- Pues nunca lo había visto de ese modo, pero lo cierto es que así es. Quizá me haga tarjetas de visita con ese concepto (risas), me gusta. En cualquier caso, me considero un privilegiado porque en la mayoría de los trabajos que he hecho o en los que he participado, nunca he sentido la presión de estar trabajando sino más bien de estar jugando, de estar divirtiéndome, independientemente del tiempo que haya invertido en cada proyecto. Por ejemplo, durante la promoción de la película Mortadelo y Filemón, recuerdo trabajar rodeado de tebeos de Ibáñez, y hacer cosas tan maravillosamente absurdas como redactar notas de prensa firmadas por el Súper. Había mucho contenido que producir, era una locura, pero lo recuerdo como una gozada.

SL.- Conociéndote un poco, si fueras un superhéroe de tebeo, te llamarías SúperCatódico y tus poderes vendrían derivados de una sobredosis de cine, TV y música. En tus textos, en tu discurso, hay mucho de estos elementos. La forma de hacer, vender y consumir todo esto, ha cambiado. Pero a la vez, es como si no hubiera nada nuevo bajo el sol, como si todo fueran imitaciones perfumadas de productos que ya existían. ¿Cuál es la visión de SúperCatódico?

PC.- Si recuerdas la cabecera de la serie Sigue Soñando era un niño creciendo delante de la TV. Yo, por suerte, pertenezco a la primera generación que creció con la tele. Una tele que no ofrecía contenidos durante todo el día y que sólo emitía por dos canales: la Primera y la Dos, que entonces era UHF. Pero luego, partir del 86 ya se empezó a ampliar el horario. Es cierto que vi muchísima tele y de ahí, ese disco duro de contenido televisivo que fui acumulando (de tragarte todo lo que te ponían porque no tenías más opciones de acceso a otro contenido). Era o el Un, Dos, Tres o La Clave, no había más. En La tele que me parió hablo un poco de eso, de esa cultura televisiva que tiene la gente de mi generación, una especie de base de datos y referentes comunes que nos venían dados sin opción a consumir otro tipo de contenidos.

Viendo con perspectiva cómo han ido evolucionando los contenidos, te das cuenta de que en los 70 era todo mucho más infantiloide; luego en los 80, con series como Canción Triste de Hill Street llegó una ola de contenidos con un tinte más realista; en los 90, a partir de Twin Peaks es todo como más onírico, fantasioso; y ya en 2000, la era de series tipo CSI. A partir del año 2000 hubo como una especie de edad de oro con Los Soprano, A Dos Metros Bajo Tierra… y creo que ahora se ha desinflado un poco la burbuja. Se consume muchísimo contenido por canales que no provienen del televisor, como videojuegos o Internet. En cualquier caso, creo que sigue habiendo buena tele, pero eso sí, hay que buscarla. La gente se queja porque espera encender la pantalla y tener contenidos de alta calidad. Eso es muy injusto y de hecho, no lo hacemos con el teatro o el cine, ni siquiera con el fútbol. Hay que molestarse un poco en confeccionar la oferta que quieres consumir. A poco que te esmeres en conocer esa oferta de contenidos, aunque sea echando un vistazo a la sección de Programación en la TV del periódico, puedes encontrar series y programas de muy buena calidad.

La gente se queja porque espera encender la pantalla y tener contenidos de alta calidad. Eso es muy injusto y de hecho, no lo hacemos con el teatro o el cine, ni siquiera con el fútbol

SL.- En alguna ocasión has comentado que deberían implantarse las denominadas Ciencias Marrones. Tema un tanto controvertido, por nutrirse de aspectos de la vida cotidiana considerados tabú.

PC.- Lo de las Ciencias Marrones surgió en un artículo que incluye el recopilatorio Diario Disperso (recoge 60 artículos míos publicados durante dos meses de verano en el diario La Nueva España). Las Ciencias Marrones comprenden todo tipo de situaciones socialmente incómodas, pero habituales o cotidianas y para las que no estamos preparados. Como por ejemplo, dar un pésame o que te suenen las tripas en la sala de espera del dentista. Todos hemos pasado por eso y nos hemos sentido absurdamente incómodos en esas circunstancias. Empiezas a tirar del hilo y te das cuenta de que el cuerpo humano es una fuente inagotable de escatología, somos pequeñas máquinas de consumo y expulsión. Defiendo que esta condición humana se asuma con naturalidad, que ocupe el lugar real que tienen en nuestra vida diaria.

SL.- Fuera del universo marrón, emerge también un Colubi serio, erudito, incluso trascendental. ¿Por qué parece que pesa menos? ¿Seguimos siendo un público de caca, culo, pedo, pís?

PC.- Nos atraen los tabúes y si una cuestión es tabú, lo es por algo. Yo he encontrado en ello una línea de argumentación, que no es que sea la más habitual en mis intervenciones, pero si de pronto, viene al caso en un discurso humorístico mencionar algo relacionado con estos temas, procuro hacerlo con toda naturalidad. A algunos puede chocarles o provocarles rechazo, pero este tipo de comentarios bien entendidos, son liberadores para mucha gente, que también se suma encantada a participar, comentando o compartiendo sus experiencias al respecto. Sin juicios y sin darle una trascendencia negativa.

En este tipo de situaciones tiene también un papel muy relevante la famosa vergüenza ajena. Muchas veces, lo pasa peor el que ve que tienes un moco pegado en la cara, que tú mismo, que ni siquiera eres consciente de que lo tienes. Es absurdo, pero ocurre constantemente.

Leí un tuit que se refería a mis comentarios ‘marrones’ de un modo que me gustó mucho: “El 90% de las tías creen que Pepe Colubi es un guarro, pero ¡ay! ese 10%…”. También, de vez en cuando me llega por esta vía de comunicación en que se ha convertido Twitter, el típico aviso de ‘unfollow’, en plan “Tío, con esto te has pasado. Dejo de seguirte” y no pasa nada, porque es parte del juego. Pero, cuando te encuentras personas que entran de manera inteligente a ese trapo, resulta muy estimulante. A veces, deja tan poca huella “eres un cerdo” como “eres un crack”. Los elogios y los reproches, cuando se argumentan, tienen mucho más peso.

Leí un tuit que se refería a mis comentarios ‘marrones’ de un modo que me gustó mucho: “El 90% de las tías creen que Pepe Colubi es un guarro, pero ¡ay! ese 10%…”

SL.- Dentro de ese feedback que recoges en redes sociales, y volviendo a California 83, algunos usuarios han manifestado que el libro no cumplía con la expectativa marrón generada. En ese sentido, es cierto que la novela contiene muy poco de ese Colubi que aparece en Twitter o en Ilustres Ignorantes. En cualquier caso, la grandeza de California 83 reside en lo entrañable que resulta Pipi.

PC.- Es cierto que California 83 es mucho más que una serie de batallitas de adolescente. Y los que buscan en el libro una historia tipo American Pie no la van a encontrar. La novela pasó por muchas editoriales hasta que finalmente se publicó. En las excusas de rechazo, me decían que era muy divertida, pero que no encajaba en su línea de contenidos, como si el hecho de que hiciera reír jugara en contra. Por eso, me encanta cuando alguien me dice que se lo ha pasado bien, leyéndola, porque me parece que eso es lo que hace que merezca la pena haberla escrito.

SL.-  Escoge a una serie de personajes históricos o contemporáneos, cuya mezcla se aproxime a tu hombre/personaje ideal.

PC.- Tendría el físico de George Clooney; escribiría como Irvine Welsh; compondría como Tom Jobim; tendría el carisma de Marvin Gaye; el aguante de Keith Richards; la forma de bailar de James Brown; la comicidad de John Ritter; la gracia de John Cleese; el ingenio de Javier Cansado y el pelazo de Javier Coronas. Casi nada.

SL. – ¿Y la versión femenina? ¿De qué mujeres estaría hecha?

PC.- Por una rara mutación genética, su físico cambiaría cada mes: los meses pares sería Charlize Theron y los impares, Monica Bellucci, aunque mágicamente, cada día final de mes se convertiría en Bettie Page. Cantaría como María Rita. Tocaría el piano como Tania María. Bailaría como Beyoncé. Escribiría como Aritha Van Herk. Tendría el ingenio de Tina Fey y la comicidad de Kristen Wiig. Casi nada.

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