“I WANT YOUR LOVE” LO NATURAL DEL SEXO

3 Escrito por - 5 noviembre, 2013 - Cine, num9
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Reconozcámoslo, los desnudos aún son un tabú en el Cine. No tanto los femeninos que desde la época del destape se han ido volviendo cada vez menos sugerentes, como los masculinos que se suelen evitar a toda costa en una película. Y es que hay algo que nos incomoda cuando nos mostramos tal y como somos, algo que nos incita a taparnos los ojos con determinadas escenas o que obliga a nuestros padres a pasar hacia delante una película o cambiar de canal cuando surge una escena de cama algo explícita. Tabúes sociales que nos acompañan toda la vida y que incomprensiblemente no los tenemos con escenas más violentas. Ver un pene está mal pero una masacre en una universidad nos puede resultar hasta divertido. Enigmas del ser humano.

De hecho, el sexo explícito no es muy dado a exhibirse en salas comerciales y parecía que con películas como Shortbus o 9 Songs eso iba a acabar. Pero seguimos siendo igual de conservadores que hace diez años.

 

 

Ha sido el lado más independiente del cine, ese que no se estrena en salas, el que parece haber comenzado a evolucionar en este sentido y sobre todo el llamado New Queer Cinema.

 Es así como aparece en escena un director como Travis Matthews, Master en Psicología Clínica y que sorprende con un documental titulado Do I Look Fat? que trata sobre los problemas alimenticios de un grupo de personas homosexuales. Éste demuestra ya una fuerte personalidad y riesgo por contar las cosas sin filtros, con un buen sentido del humor pero sin olvidarse de lo que de verdad importa: las personas.

Cuatro años después vendrían una serie de documentales sobre parejas homosexuales en sus habitaciones. In Their Rooms dista mucho de ser cine pornográfico, a pesar de que las escenas son totalmente explícitas. Pero estas son tratadas con total normalidad, como lo que cualquier pareja podría hacer en su día a día en su propia cama. Pero lo que dista mucho de la pornografía en sí es la desnudez del alma que se muestra en sus imágenes. En esta serie de documentales que luego tendrían dos secuelas rodadas en Berlín y Londres, las parejas hablan de sus miedos, sus deseos, sus aspiraciones. Lo que se nos muestra es la realidad con total naturalidad. No hay efectismos ni se intenta que todo quede perfecto. Puesto que la realidad no lo es.

Todo lo aprendido en estos documentales es aplicado con soltura en I Want Your Love, una historia sobre la partida, sobre los recuerdos y personas que dejamos cuando nos mudamos a otro lugar. Una especie de odisea intimista que recorre lo externo e interno de sus personajes, sobre todo de su protagonista Jesse Metzger que actúa bajo su propio nombre (al igual que el resto de personajes) aportando aún más veracidad a la historia la cual nos cuenta como el protagonista decide trasladarse de ciudad y los últimos días dejar atados todos los cabos sueltos antes de irse celebrando una fiesta con todos sus amigos y su ex-pareja

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Matthews intenta desde los primeros minutos de la cinta extraer todas las posibilidades que el dispositivo cinematográfico digital le ofrece. Planos cortos y alargados, dónde la improvisación es la esencia de la escena, esa nueva noche americana que ya fuera plasmada por autores como David Lynch y Michael Mann, dónde las farolas brillan con total naturalidad y las calles parecen escenarios aterradores (más aún con esa música tan carpenteriana que se escucha en los títulos de crédito) y sobre todo la mirada hacia el cuerpo desnudo del hombre tal y como es, con sus defectos y virtudes.

Pues el mayor logro de una película como esta es la de ofrecer la distinción necesaria entre la pornografía y el sexo explícito en una película. Algo que no es completamente nuevo, otros filmes como Shortbus o Castillos de Cartón tienen una filosofía similar, sobre todo en el primer caso pero lo que no llegaban a vislumbrar es la delgada línea que separa la fantasía y el deseo de lo cotidiano.

El Cine X es un cine de fantasías. Funciona gracias a ellas y se construye por ellas, el límite lo pone el espectador que lo ve cuya propia evolución hace que las fantasías en sí mismas también evolución con el paso de los tiempos.

Esto, que en un principio podría parecer muy simple y sencillo es en realidad lo que mueve también al propio Cine. Y es que si nos ponemos a pensar el Cine convencional le debe mucho al Cine X. Un género tan denostado por la crítica y público, del que no se habla socialmente y se convierte en una experiencia íntima e individual como puede serlo ahora el ver una película de acción en el portátil o Ipad. Pero ha sido un Cine que ha experimentado con las formas mucho antes que directores más independientes y vanguardistas. Que las cámaras de vídeo ya eran usadas en la pornografía mucho antes de fenómenos como el Dogma y lo digital se experimentó mucho antes en películas X que en otras cintas. Es más. Si nos paramos a pensar la estructura narrativa de una película X nos daremos cuenta que no dista mucho de los grandes blocksbusters que se estrenan semana sí, semana también. Una historia bastante lineal que se ve interrumpida por increíbles Set-Pieces.

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Y aunque I Want Your Love esté producida por una productora de cine porno como Naked Sword. Lo que nos encontramos es una película que sí, tiene mucho sexo, tan explícito como cualquier película pornográfica, pero que no nos activará nuestra lívido. Su objetivo no es el deseo del espectador, ni satisfacer sus fantasías oscuras y ocultas. De hecho, algo tan recurrente en una fantasía como lo es un trío, aquí se muestra tan normal que no genera ningún sentimiento sexual. La propia estructura narrativa de la película choca con la estructura arriba escrita. No hay Set-Pieces, el sexo ocurre porque tiene que ocurrir y porque está en la propia narración de la película y no son escenas aisladas de la historia sino que se mezclan con ella, incluso se cortan y se vuelven a retomar cuando es necesario.

Travis Matthews ha sido muy valiente al dirigir algo como esto. En una sociedad dónde aparentemente no existen tabúes, dónde las ideas liberales se aceptan sin problemas, él nos enseña que no es así, que todo es mucho más hipócrita. Tanto es así que ha sido prohibida en festivales como los de Merbourne y Frisbane.

Sin embargo, el camino de Travis Matthews parece el indicado a seguir para una nueva cinematografía de los cuerpos y la prueba está en que su siguiente proyecto, Interior. Leather Bar, que ya está dando mucho que hablar, es una reconstrucción de esos cuarenta minutos censurados de la muy reivindicable Cruising de William Friedkin y que tiene entre sus actores a alguien tan polifacético como James Franco

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