La estrategia de la Mantis

8 Escrito por - 5 noviembre, 2013 - Historia, num9
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Si por algo se conoce a la mantis religiosa en el mundo animal es por su canibalismo sexual. Las hembras de esta especie una vez que han copulado con el macho lo decapitan y se lo comen. Utilizan el sexo para un fin y una vez satisfecho eliminan al instrumento. Este insecto se convierte así en paradigma de las relaciones entre sexo y poder que vertebran y equilibran la naturaleza. Veremos en las siguientes líneas como los seres humanos a lo largo de la historia no han actuado de forma muy diferente a nuestra amiga de largas patas y han utilizado el sexo para conseguir unos intereses que cambiarían el curso de la historia y que se cobrarían sus víctimas post-cópula. Son los discípulos aventajados de la estrategia de la mantis.

Cleopatra, Paris, Ana Bolena, Rasputín, Almanzor, Leonor de Guzmán, Beltrán de la Cueva, Mata-Hari, Tseu-Hi… todos estos nombres tienen en común una cosa: han utilizado el sexo y a sus amantes para hacerse un hueco en la historia. Con mayor o menor fortuna, estos personajes jugaron sus cartas amatorias y cambiaron con sus actos el signo de muchos acontecimientos. El sexo y el deseo es algo consustancial al ser humano y quien ha sabido utilizarlo, ha conseguido con un beso en una alcoba lo que no lograrían cien mil lanzas en el campo de batalla.

Ya lo decía el Arcipreste de Hita: “Como dijo Aristóteles, cosa es verdadera//, que el hombre por dos cosas trabaja, la primera// por haber mantenencia, la otra cosa era// por haber juntamiento con fembra placentera”. El instinto sexual es uno de los más arraigados en el ser humano y su satisfacción ha alterado el rumbo de nuestro pasado. Y si las instituciones que manejan el cotarro del mundo lo han censurado y criminalizado, no ha sido por moral, sino por puro miedo estratégico ante el poder que otorga.

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Al son de los tambores del sexo se han estremecido los poderes de todas las épocas. Por él se han iniciado guerras como la de Troya, cuando el díscolo Paris se enamoró de Helena, esposa del rey griego Menelao, y la raptó para vivir su historia de pasión, provocando ya de paso una guerra mítica entre los pueblos de Grecia y Troya. Por él se descuidaron reinos como el de Israel, cuando su rey Salomón dejó de lado su proyecto de nación, hipnotizado por los encantos de la Reina de Saba. Una alcoba mató a grandes conquistadores como Atila, consiguiendo el sexo lo que no lograron pueblos enteros. Él fue utilizado como herramienta estratégica de poder para conseguir beneficios y prebendas, como Almanzor, el terror de los cristianos, que llegó a su posición por saber dominar el corazón y el dinero de la viuda del califa Al-Hakam II, la gran Subh. El sexo, solo él, ha conseguido mover la historia con la fuerza y la delicadeza del movimiento de unas sábanas.

El sexo ha conseguido mover la historia con la fuerza y la delicadeza del movimiento de unas sábanas.

Personajes como la legendaria Cleopatra, más allá de la visión frívola y banal que legaron de ella los historiadores romanos, puso a sus pies al mismísimo Julio Cesar gracias a su sex apeal y sus técnicas amatorias. Hizo que el emperador la encumbrara como reina de Egipto, y porque asesinaron a César, si no la hace también reina de Roma. No obstante, cautivó también a su sucesor Marco Antonio y, hasta la llegada del frío Octavio Augusto, las cuestiones de estado de Roma siempre tuvieron su cama como refugio.

La historia de nuestra querida piel de toro tampoco quedó ajena a este virus de poder que es el sexo y nuestros reyes y reinas, nobles y curia configuraron en la intimidad de sus aposentos el destino de lo que sería España. Romances, traiciones y escarceos marcarían definitivamente el devenir de nuestros acontecimientos históricos ofreciendo realidades muy distintas a las proyectadas y cambiando con un fuego muy distinto al de la Inquisición nuestro destino. Pecado y deseo, esos dos ingredientes de la marca España.

Como no quiero caer en el dicho de “Con la Iglesia hemos topado” dejaré en el tintero historias de Borgias y demás cardenales, porque al fin y al cabo, quién soy yo para violar el secreto de confesión. Y me centraré exclusivamente en líos de palacio, que es un terreno menos árido.

Historias hay muchas; como la de Doña Leonor de Guzmán, una dama sevillana que fue amante del rey Alfonso XI y tuvo en vida más reconocimiento y favores por parte del monarca que la legítima reina, Doña María de Portugal. Esta vivió una vida de desprecios y humillaciones por culpa del tórrido romance entre Alfonso y Leonor. El odio por celos y amor entre estas dos mujeres estallaría definitivamente a la muerte del rey. Aunque apartada y ninguneada, Alfonso XI siempre reconoció como esposa legítima a Doña María, y como heredero al único hijo de la pareja, el que se convertiría en Pedro I, quien como venganza por todo lo que vio sufrir a su madre, mandó recluir a Doña Leonor en Talavera, donde fue asesinada por un escudero de Doña María.

Pero Leonor tendría su venganza. Uno de los diez hijos bastardos que tuvo con el rey, Don Enrique de Trastamara, mataría a Pedro El Cruel, vengando a su madre e instaurando la dinastía de los Trastamara, sí, la de Isabel La Católica… Qué cosas.

Pecado y deseo, esos dos ingredientes de la marca España.

Aunque todos sabemos que Isabel fue reina por la gracia de Dios, todavía faltaría otro asuntillo sexual que le allanase su camino al reino. Los protagonistas de esta historia son Don Beltrán de la Cueva, el rey Enrique IV y su mujer Doña Juana de Portugal. La estrecha relación de este triángulo hizo ascender de manera vertiginosa a este noble de tercera. Nuestro protagonista ganaba con tanta rapidez títulos como habladurías, que le situaban como sombra del rey por el día y sombra de la reina por la noche. Enrique le otorgó a Beltrán el codiciado maestrazgo de Santiago, título que anhelaba el poderoso noble Juan Pacheco, Marqués de Villena. Este hecho desembocaría en una guerra fratricida en donde Pacheco, utilizando la fama de impotente del rey, corrió el bulo de que la hija de los reyes, Juana, no era hija natural de Enrique sino de Beltrán, perdiendo así la que todos conocerían desde entonces como La Beltraneja todos sus derechos sucesorios como reina de Castilla, y dejando a su tía Isabel como heredera legítima al trono.

La historia de la humanidad está salpicada por la hazañas de estos maestros del sexo que supieron convertir una alcoba en escenario de sus conquistas. Dulces y pasionales batallas de interior que sellaron con el coito el devenir de reinos, batallas, títulos y tesoros. Las hermanas Bolena y Enrique VIII en Inglaterra; la Emperatriz Teodora y Justiniano que hizo reina a una prostituta; Rasputín y su mágica virilidad que volvió loca a la zarina; Mata-Hari y sus encantos bajo sueldo de estados; la implacable emperatriz china Tseu-Hi, que ascendió hasta lo más alto utilizando la cama o el veneno indistintamente. Todos ellos utilizaron sus virtudes sexuales para su ascenso personal, y ya de paso para remover un poco los cimientos de nuestro pasado.

Ricardo Hurtubia

Ricardo Hurtubia

Cuando la mantis se disloca, lio toca

¿Y qué pasa cuando el sexo no es el instrumento sino el fin? Hasta ahora hemos hablado de personajes que utilizaron el sexo en su beneficio, pero, ¿qué pasa con quienes son víctimas de su pasión por el sexo? El deseo sexual está en instinto primario del hombre y muchos personajes históricos no han sido capaces de resistirse a sus garras, generando escándalos que les han hundido públicamente y que también, de propina, han trastocado la historia.

Sexo y poder, dos palabras que en consonancia han servido de engranajes para el motor de la historia.

No voy a hablar de Corinna y nuestro rey Juan Carlos I, que está convaleciente y no queda bonito. Pero yo me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si el presidente norteamericano Harding no hubiera sido tan mujeriego y no hubiera tenido que montar una administración republicana de chantajeadores que saltó por los aires escándalo tras escándalo? Quizá el demócrata Roosevelt no hubiera sido presidente y la participación de los EEUU en el ascenso del fascismo hubiera sido otra. ¿Cómo habrían sido las políticas de derechos sociales de Kennedy si se pudiera haber quitado de en medio al reaccionario director del FBI J.Edgar, si los Kennedy no hubieran tenido que ceder a sus amenazas para tapar los numerosos líos de falda del presidente? ¿Cuál hubiera sido la postura de Inglaterra en la II Guerra Mundial, si el rey pronazi Eduardo VIII no hubiera abdicado hechizado por los encantos amorosos de la americana Wallis Simpson, alumna aventajada de la estrategia de la mantis?

Sexo y poder, dos palabras que en consonancia han servido de engranajes para el motor de la historia. Las teorías marxistas hablan de que para que se produzca una evolución histórica siempre entran en juego factores económicos y que el equilibrio histórico se mantiene en una constante lucha de clases. Sin desmerecer los postulados de Karl Marx, creo que se debería hacer una revisión y se podrá comprobar así que las luchas de camas también son determinantes históricamente. Junto a ejemplares de El Capital o el Arte de la Guerra, creo que deberían regalar a los emprendedores un ejemplar del Kamasutra… a las pruebas me remito. Llámenlo sexo, llámenlo historia.

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