La literatura como medio de liberación sexual

0 Escrito por - 5 noviembre, 2013 - Literatura, num9
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La literatura ha tratado todo tipo de temas a lo largo de la historia, y cómo no, el sexo ha sido uno de ellos. Escrita por hombres o por mujeres, todos nos han hecho llegar sus fantasías y deseos a través de las páginas de sus obras, pero en esta ocasión queremos saber qué pensaban las mujeres. Escritoras o protagonistas. Ahora ellas se desnudan para expresarnos sus sentimientos, vivencias y anhelos.

A lo largo de la historia un sector de la sociedad ha considerado el sexo como algo pecaminoso siempre que se realizara fuera del matrimonio y sin fines reproductivos, y que exigía además a la mujer mantenerse virgen hasta su boda. Esta censura y ausencia de placer en el acto, provocó la búsqueda de nuevas experiencias que se plasmaron a través de la literatura.

El auge de la literatura erótica y/o pornográfica se desarrolla especialmente en los años de la Ilustración francesa, en la que la pornografía se usaba en contra de la Iglesia Católica, fiel defensora de la castidad y la moral. La clase alta consideraba que la difusión de esta literatura corrompía a las clases bajas, en especial a los niños y a las mujeres. Un claro ejemplo del uso de la literatura pornográfica como arma ofensiva fueron los pasquines realizados contra María Antonieta, en los que se la representaba participando en tríos y orgías para ridiculizarla ante el pueblo.

Autores como el Marqués de Sade o John Cleland centraron su producción literaria en la temática sexual y pornográfica. De hecho, el propio Marqués dio nombre a una práctica sexual: el sadismo. Ambos tuvieron a mujeres como protagonistas de sus obras. Justine de Sade, habla de dos hermanas en las que una de ellas se introduce en la vida religiosa y la otra se entrega a los placeres de la carne. Sade representó así los dos caminos que podían tomarse en la vida y comparó vivencias. Cleland escribió Memoirs of a woman of pleasure (1748) en la que la protagonista narraba sus experiencias íntimas, cómo disfrutaba del sexo sin consecuencias físicas y morales, principal preocupación de entonces, más cuando se era mujer.

Llegados al siglo XX el sexo sigue tratándose como algo prohibido y pecaminoso.  En los años 30 D.H. Lawrence escribió El amante de lady Chatterley, en la que se trataba ya el tema del adulterio de la mano de una mujer, quien debido a la ausencia de su marido durante la Primera Guerra Mundial comienza una relación con su sirviente. Sin embargo, ante el intento de dar realismo a la obra, como era propio en Lawrence, el autor recibió numerosas críticas por grupos feministas por tratar a la mujer como un ser que se mueve por instintos y no por el amor. Puede que resultara demasiado adelantando a su tiempo, en la actualidad seguro hubiera tenido gran éxito.

Sin duda la obra clave de la literatura erótica escrita por una mujer fue La Historia de O de Pauline Réage publicada en 1954 y considerada una novela BDSM. Se trata de un conjunto de cartas escritas a su amante Jean Paulhan, en las que la sumisión juega un papel importante. En esta obra la protagonista, la propia autora, se inicia en las artes sexuales a modo de esclava.

Esta censura y ausencia de placer en el acto, provocó la búsqueda de nuevas experiencias que se plasmaron a través de la literatura.

Con el paso de los años esta clase de literatura comenzó a tener éxito sobre todo entre las mujeres, debido a que fueron éstas quienes comenzaron a dar su propia perspectiva. Entre todas estas autoras destaca especialmente Annaïs Nin, precursora de la liberación sexual en el campo de la literatura.

Annaïs Nin (1903-1977) vivió su éxito literario en los años 60 del siglo pasado tras la publicación de sus diarios (en total 7 volúmenes), en los que contó detalladamente su intimidad y sus primeras experiencias con el sexo desde los 11 años. Comienza su carrera literaria tras su primer matrimonio para llenar una vida de vacío y aburrimiento, en esta primer época se centra en novelas avant-garde del surrealismo francés.

Al igual que muchos escritores, el éxito literario de Nin se debió a un pequeño trauma infantil, el padre las abandonó a ella y a su madre cuando Nin contaba con 11 años, motivo por el cual la autora comenzó a escribir sus diarios, los cuales se componían de diversas cartas escritas a la posible figura del padre con el fin de encontrar una explicación a dicho abandono. No sería hasta 20 años después cuando Annaïs volviera a encontrarse con su padre, con quien mantuvo una relación incestuosa (siempre negada por su hermano). En esta época publica Invierno de artificio y La casa del incesto.

En los años 40 Annaïs Nin se convierte en la primera mujer que publica relatos eróticos que serían publicados bajo el título Delta del Venus, con clara influencia del Kamasutra.

En esta misma década la autora francesa conoce al escritor estadounidense Henry Millar y a su esposa Juno. Ambos escritores serán contratados para escribir narrativas eróticas y pornográficos para un “coleccionista anónimo” a 1$ la página.

Su éxito llegará en 1966 con la publicación de sus diarios, en un primer momento, debido a que muchos de sus protagonistas aún estaban vivos se hizo una versión censurada, con el paso de los años se podrían encontrar versiones originales con el nombre oficial de todos los protagonistas.

El siglo XXI ha consagrado a muchas autoras que han sabido darle la voz y el protagonismo que les correspondían a las protagonistas de sus novelas. Ya no son hombres quienes cuentan sus propias fantasías o quienes interpretan las que creen que pueden ser deseadas por las féminas. Ahora son ellas quienes cuentan en primera persona lo que desean, ya sea el amor verdadero o sexo sin compromiso. La mujer al igual que el hombre ya es dueña de su destino sexual.

La propia Anne Rice se vio obligada a escribir en los años 80 su trilogía La Bella Durmiente bajo pseudónimo, ante las posibles críticas o la vergüenza de que se supiese quién era. Sin embargo, fueron muchas quienes continuaron sus pasos, Sophie Morgan con Diarios de una sumisa o Bajo las sábanas de Kristina Wright. En el panorama español encontramos a Almudena Grandes con Las edades de Lulú, en la que una joven fantasea sexualmente con el recuerdo de un amigo de su hermano, hasta llegar a experimentar diferentes prácticas. Como fenómeno reciente tenemos Cincuenta sombras de Grey de E.L. James, considera una novela BDSM al igual que La Historia de O. BDSM hace referencia a todo tipo de práctica sexuales relacionadas entre sí y vinculada con la sexualidad extrema no convencional y la sumisión.  En esta novela la protagonista manifiesta al igual que sus anteriores colegas protagonistas ya mencionadas, el deseo de experimentar el sexo cómo ella quiere sin que se le juzgue, a disfrutar sin censuras. Siempre con el consentimiento de ambas partes.

La literatura no fue el único campo en el que la mujer quiso romper tabúes, ya fuera como autora o como protagonista. Nos referimos al cómic, concretamente al cómic erótico. Los inicios del cómic erótico tienen lugar con el comienzo de la  Gran Depresión, dirigidos exclusivamente a un público masculino. Ya en la década de los 30 los contenidos de estos cómics serán menos eróticos y sexuales, pero a cambio aparecerán las primeras protagonistas femeninas, como fue el caso de Betty Boop de los hermanos Fleischer. En estos años los personajes son muy prototípicos, ellos, jóvenes con torsos musculosos al descubierto y ellas mujeres con poca ropa y apariencia de debilidad, como Dale Arden en Flash Gordon o Narda en Mandrake el mago.

El auge del cómic erótico coincide con la llamada revolución sexual, en torno a la década de los 50-60, gracias a la cual la mujer adquiere mayor libertad. Estamos en los años del arte pop y de la segunda ola feminista, por lo que la mujer o las heroínas consiguen roles más activos en estas publicaciones. El editor francés Eric Losfeld fue de los primeros en editar cómics en los que las heroínas eran totalmente independientes y activas en el campo sexual. Barbarella (1962) de Jean Claude Forest o Valentina (1965) de Guido Crepax son dos claros ejemplos.

Sin embargo, esta corriente no termina de ser aceptada por el público, un público mayoritariamente masculino que no disfruta con este tipo de heroínas. En los años 80 el cómic adulto es en Occidente un fenómeno social que ha impuesto una “mitología femenina de amplia circulación”, lo que permitirá una producción masiva de revistas eróticas, especialmente en Italia.

Tanto como protagonista como autora, la mujer lo ha tenido más difícil en el campo del cómic para hacerse ver en ambos roles. Se trata de un sector en el que históricamente y por diversos factores, ha estado más dominado por el hombre, en la actualidad son cada vez más la mujeres que trabajan como autoras y/o ilustradoras, por lo que puede que dentro de unos años podamos ver una nueva corriente del cómic algo más mixta.

Está claro que la mujer lleva siglos reclamando su propia identidad sexual a través de diferentes medios, puede que gracias a la literatura encontrara un medio en el que no necesita darse a conocer personalmente para exigir o manifestar aquello que desea, por ello muchas autoras utilizaron pseudónimos en sus inicios. El peso de la Historia ha provocado que se viese el sexo como algo pecaminoso y prohibido, y más cuando se era mujer, a quien se le imponían ciertas obligaciones morales ante el uso de su cuerpo. Quizás, tanta represión sexual a nivel histórico haya llevado tanto a hombres como a mujeres, pero más a éstas últimas, a plasmar en una obra aquello que tanto ansiaban y que hoy más que nunca está siendo toda una corriente literaria. Satisfacer los deseos es algo natural y sano siempre bajo la aceptación de todas las partes.

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