Los primeros pasos de la ciencia en el sexo

2 Escrito por - 5 noviembre, 2013 - Historia, num9
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¡Mirad a vuestro alrededor! Todo rezuma sexo.

Si me preguntasen cuál es uno de los principales motores que hace a nuestra sociedad moverse y avanzar, no tardaría mucho tiempo en responder: el sexo. No sólo por el hecho de que sin sexo no estaríamos aquí sino que este fenómeno es una de las grandes pulsiones de nuestra sociedad  ¡Mirad a vuestro alrededor! Todo rezuma sexo: anuncios de televisión, novelas, series, películas, carteles publicitarios, etc. El sexo se ha convertido en uno de los grandes reclamos de nuestra sociedad. No dudéis que cualquier publicista con falta de imaginación, o de drogas, va a recurrir al tema sexo para vendernos cualquier servicio o producto. Mensajes como: “si compras este producto, no te faltará sexo” o “serás un imán para el resto de la gente”. No podemos evitarlo, está en nuestro código genético. No es necesario que explique el motivo de tal obsesión con el sexo; como diría Gila: porque da mucho “gustirrinín” pero también por muchas otras causas: evasión y desconexión, la necesidad de sentirse acompañado o satisfacer nuestra autoestima.

Como principal motor de la civilización, el sexo tampoco ha sido obviado como herramienta de manipulación y control por aquellas instituciones que marcan el ritmo a seguir a lo largo de la historia. Si controlas el modo en que la gente se relaciona con el sexo, tendrás más de la mitad del trabajo hecho. Así, si Maquiavelo no hubiera sido tan casto y puritano hubiera hablado del sexo como un instrumento más del Príncipe para controlar las masas. No solo por medio del control directo se puede conseguir tal objetivo, si promueves la ignorancia y la superstición sobre el sexo los efectos son, incluso, más devastadores.

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Hasta la década de los 50, el conocimiento científico sobre el sexo era tendente a cero. Hacía bien poco, las condiciones higiénicos-sanitarias de los paritorios eran incompatibles para garantizar la supervivencia de la madre y del futuro vástago. Aún estaba muy reciente el descubrimiento transcendental que una mejora de la solubilidad del quirófano produciría un aumento de las posibilidades de no aparición de complicaciones en el parto. Así, el tener un hijo dejaba de ser una ruleta rusa para los implicados.

Pero ¿Qué sucedía con el sexo? ¿Alguien se había aventurado a arrojar un poco de luz científica en el comportamiento y química involucrados durante el sexo? Hasta después de la II Guerra Mundial, las respuestas a estas preguntas eran negativas. Todo nuestro conocimiento sobre el sexo se basaba en experiencias personales, subjetivas y, en cierto modo, machistas.

“y Dios dijo: ¡Hágase la luz! y nació Alfred Kinsey ”

Parafraseando al poeta Alejandro Pope respecto a Newton: “y Dios dijo: ¡Hágase la luz! y nació Alfred Kinsey”. Kinsey, como biólogo, comprobó que el comportamiento sexual humano no debería diferenciarse, en exceso, de la manera de actuar del resto de los miembros del reino animal. Así comportamientos como la homosexualidad, la masturbación o el sexo oral son comunes en muchos animales. Entonces ¿Por qué los humanos no realizan una vida sexual relajada y lejos de preocupaciones como el resto de los mamíferos? La culpa es de nuestra imperiosa necesidad de sentirse aceptados por el resto de la sociedad.

“Kinsey partió de la idea de que todas las personas tenemos algo, desde el punto de vista sexual, que nos hace únicos y diferentes.”

Kinsey partió de la idea de que todas las personas tenemos algo, desde el punto de vista sexual, que nos hace únicos y diferentes. Nadie vive la sexualidad igual que otro. En definitiva, a cada persona le gusta o tiene apetencias sexuales diferentes. Así, el deseo irrefrenable de todo humano de sentirse aceptado por el resto de sus congéneres  le obliga a canalizar esa pulsión a lo cree la “normalidad”. Es decir, aquella actuación que el resto de la sociedad ve como asumible,  entrando en juego nuestros viejos amigos los convencionalismos sociales.

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Partiendo de esta premisa , Kinsey descubre que el principal problema de la sexualidad humana: las personas, dejan de lado su auténtica naturaleza para sentirse parte de lo “normal”. Así, si algo tan deseado está prohibido se convierte en algo obsesivo; surgiendo los problemas; como se deja entrever en la maravillosa película sobre la vida de este científico.

Esta teoría científica tiene sus errores, entre los que se encuentran no profundizar en las implicaciones sentimentales y psicológicas de las propias relaciones sexuales; centrándose en el mero hecho biológico del sexo, apartando de un manotazo todas las variables sociales y psicológicas implicadas en el fenómeno sexual de los humanos. A pesar de sus errores, dicha teoría sirvió para que la sociedad americana aprendiera a vivir la sexualidad con más naturalidad y menos miedo.

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