Música y erotismo: grandes amigos

0 Escrito por - 5 noviembre, 2013 - Música, num9
Print Friendly

Es cierto que cada cual lleva adelante su sexualidad de un modo distinto, y que es raro que se lleven a cabo conversaciones en las que la gente ponga de manifiesto los detalles en cuanto a sus preferencias a la hora de dedicarse a tales menesteres, a no ser que sea en ambientes de gran confianza e intimidad máxima. Pues bien, en este artículo vamos a tratar justo las salvedades de una de estas preferencias: ¿Nos gusta escuchar música mientras hacemos el amor?

La relación entre la música y la sexualidad es muy cercana. De hecho, muchas parejas es lo primero que preparan junto con otros enseres románticos como las velas o el incienso. Se suelen tener canciones que motiven el encuentro amoroso, ya que además de que la música por sí sola ya apacigua los nervios, libera tensiones y crea espacios de intimidad con la pareja que el silencio no puede generar. El ritmo es algo también muy importante, ya que los distintos estilos musicales y tempos acentúan el deseo corporal de moverse, acrecentando la energía sexual. Por no decir que cuando uno escucha música, cualquier perturbación o mala vibración desaparece, por lo que podemos afirmar que teniendo la música incorporada en el ambiente romántico, ya tenemos preparado el escenario perfecto para que la noche acabe con sexo. La música además nos ayuda a comunicarnos, y es la herramienta psicoanímica ideal para dejarse llevar al amor, el placer y el erotismo.

Lo que nos preguntamos en éstas líneas es si existe un tipo de música especial para relacionarse sexualmente. ¿Hay acaso música que sea más sensual que otra? ¿Tienen los ritmos, melodías, acordes y estilos musicales capacidad para potenciar o eliminar el deseo sexual? Pues realmente no. Cada sujeto prefiere una u otra música para escuchar y motivarse mientras se lleva a cabo el coito, -incluso los hay que prefieren el absoluto silencio y las luces apagadas-, pero sí es cierto que hay algunos géneros musicales que están bastante relacionados con el romanticismo y la seducción. Algunos ejemplos son la música chill out, el blues, el jazz, la bossanova, los boleros, o las baladas… u otros ritmos más claramente sexuales como son la lambada o incluso el –odiado por unos y adorado por otros- el reggaetón.

Cada momento del acto sexual incluso podría tener su propia música. Los afamados “preliminares” gustarán seguro de ritmos más pausados, melodías  alargadas y letras sugerentes y con voz aterciopelada, o en contraposición, un rock cañero o una pieza de música clásica con toda la orquesta en acción puede ser del gusto de los que odian el romanticismo porque les va más “la marcha”. Lo que sí es cierto es que en el sexo todo es de gusto individual. Sólo hay que encontrar a la persona que comparta esos gustos contigo, para poder llevar juntos a cabo dichas preferencias. Lo ideal es aprovechar al máximo dichos favoritismos, para que en suma, el placer compartido sea doblemente satisfactorio.

Y es que es tal la importancia que recae en esta relación música-sexo que han existido psicólogos que han querido estudiarla a fondo. Uno de estos ejemplos es el caso del psicólogo musical Daniel Müllensiefen de la Universidad de Londres, que exploró en el año 2002 la relación entre la música y el amor: más del 40% de las personas expusieron que escuchar música los estimulaba más que el tacto durante el acto sexual (por lo que si mezclamos nuestra reflexión con este teorema, escuchar música mientras utilizamos, el tacto es una explosión de sensaciones). El estudio fue abalado por Spotify, demostrando la importancia que tiene la música en la vida amorosa de las personas. Según este estudio, las 2000 personas encuestadas señalaron que la BSO de la película Dirty Dancing era la música más excitante durante las relaciones sexuales correspondiéndose esto con la idea que nos da el cine y su música del amor. Gracias a esta investigación neurocientífica, se supo que la música era capaz de activar las mismas zonas de placer que están en el cerebro que responden a recompensas menos abstractas como la comida. Algunas de las canciones favoritas para hacer el amor, fueron Sexual healing de Marvin Gaye, Bohemian Rhapsody de Queen o Angels de Robin Williams. Lo que no sabemos es, si ponemos estas canciones porque el escucharlas nos hace crear las expectativas que nos “cantan”, o porque realmente nos activan las zonas de placer que otros sentidos ayudan a “entrar en calor”.

Sólo nos queda un modo de saberlo: ponerlo en práctica…

No hay comentarios

Dejar una respuesta